domingo, 15 de octubre de 2017

"Ille mi par esse deo videtur" o cómo me despojaron de mi divinidad:









Estaba feliz y pensé:  "Me siento una diosa". 

Al momento me di cuenta de que si un varón decía "Me siento un dios" no habría habido duda alguna de que se refería a la divinidad. Algo equivalente a decir sublime, feliz, completo. Pero si lo digo yo, en femenino, tengo que aclarar que no estoy hablando del aspecto físico y no estoy segura, tampoco,  de que explicar más, quizás algo como: "Me siento una diosa del Olimpo"  termine de aclarar que no se trata de belleza física. Tampoco serviría decir "divina". 

El lenguaje nos arrebató la divinidad, la posibilidad de sentirnos diosas en tanto únicas, maravillosas, felices, plenas. Expresar una percepción de lo sublime se complica en femenino. 

El lenguaje fue bastardeado y nos dejó un simulacro de divinidad, una miserable belleza exterior. 

Me gustaría recuperar la palabra para mí, para todas y poder decirles que cuando sale el sol y se filtra por la ventana y el día es pura posibilidad, me siento feliz, me siento una diosa y que todos entiendan que me refiero a una experiencia de armonía interior.

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