domingo, 15 de octubre de 2017

Anda no sé dónde, busca no sé qué


    





Recuerdo un verano en La Falda. Tendría unos siete años. Para dormir la siesta en paz, mamá me proveía de libros. Ese enero me compró dos con unas ilustraciones increíbles: "Cuentos de hadas de la India" y "Cuentos de Hadas Rusos". Hice correr las páginas entre los dedos hasta que encontré un título inquietante: "Anda no sé dónde, busca no sé qué". Era el desafío que debía cumplir un príncipe, ya no recuerdo si para salvar a alguna princesa o para salvarse a sí mismo. 

          Cuando fui un poco más grande escuché aquello del cuchillo sin hoja al que le faltaba el mango y asocié de inmediato con la aventura maravillosa.
           Después, supe de la definición del amor de Lacan: no leí el original así que ignoro si la traducción es correcta, pero es algo así como "Dar lo que no se tiene a quien no es". (Estoy segura de que muchas personas aquí podrán corregir y explicar su sentido).  Por desgracia, no sé nada de psicoanálisis, pero asocio las tres frases en la capacidad fantástica de nuestro lenguaje para imaginar, crear más allá de las limitadas posibilidades de nuestros pobres "sentidos".
             Creo que toda la vida es un andar no sé dónde, buscando no sé qué, y que en ese andar creamos objetos imposibles como ese cuchillo y el amor.

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